Seleccionar página

El camionero alemán Volker Eckert fue detenido en su país acusado de estrangular hasta la muerte a una joven prostituta búlgara en Girona. Pero la investigación le implica en otros cuatro crímenes. Ha declarado que sólo así lograba placer sexual.

El camionero Volker Eckert acababa de descargar más de 20 toneladas de plástico granulado en la factoría Neoplástica España, en Sant Feliu de Buixalleu (Girona). Tardó 120 minutos en vaciar la carga en el silo. Pero no dio muestras de impaciencia ni nerviosismo, pese a que en la cabina de su camión ocultaba el cadáver de la prostituta búlgara Miglena Petrova Rahim, de 20 años, a la que había estrangulado horas antes. Después, condujo su vehículo Volvo hasta el campo de fútbol del cercano municipio de Hostalric. Aparcó y aguardó durante horas, sin prisas, a que cayera la noche. Amparado por la oscuridad, arrojó el cuerpo a la tierra y lo arrastró a un punto más alejado. Al arrancar para emprender su regreso a Alemania, la cámara de seguridad de una empresa de logística grabó al vehículo… Y eso fue su perdición: esas imágenes fueron la pista que llevarían hasta él y que pondrían fin a su carrera criminal. Él reconoció cinco asesinatos. Pero la policía cree que ha cometido muchos más. [Los investigadores llegaron a atribuirle una veintena de muertes]

“Al fin me habéis detenido. Yo no podía parar de hacer esto. Sólo así, matando a las mujeres, disfruto del sexo. Sé que eso está mal, que así no podía seguir, y por eso tenía pensado entregarme dentro de un año”. Eso es lo que Volker Eckert, de 47 años, soltero, nacido en Oeslnizt (antigua República Democrática Alemana) les confió a los policías alemanes que el pasado día 17 le colocaron los grilletes en Wesseling (cerca de la ciudad germana de Colonia).

La captura de este frío psicópata, propiciada por las investigaciones de los Mossos d’Esquadra de Girona, pone fin a las andanzas criminales de un estrangulador que confesó cinco homicidios (tres en Girona) y dos en Francia en los últimos siete años. No obstante, en la cabina de su camión guardaba “varias fotos” de otras mujeres muertas, aún no identificadas, y la policía cree que hace casi 20 años estuvo preso en la antigua RDA por dar muerte a una compañera de trabajo. Los investigadores sospechan que Ecker ha matado a mujeres en otros países europeos. ¿A cuántas? “Imposible saberlo por ahora. Habrá que reconstruir sus viajes durante los últimos años”, responde Jordi Bascompte, inspector de los Mossos d’Esquadra en Girona.

Los Mossos d’Esquadra iniciaron sus pesquisas a partir del estudio de las imágenes del camión captadas por la cámara de seguridad de la empresa emplazada junto al lugar donde fue hallado el cuerpo sin vida de Milegna. Y… ¡bingo! Descubrieron así que el vehículo llevaba el emblema de la empresa Me-Tra. Fue una pista clave: al preguntar en la empresa quién conducía el camión ese día, consiguieron poner nombre -Volker Eckert- al sospechoso del asesinato de la meretriz búlgara.

Miglena Petrova Rahim, nacida en Dobrich (Bulgaria) el 25 de mayo de 1986, la última de las víctimas del estrangulador. La joven fue contratada por éste cuando se prostituía en el arcén de una carretera en Sant Julià de Ramis (Girona). Antes había intentado conseguir los servicios de la búlgara Vicki y de otras prostitutas, pero ellas se habían negado porque el camionero les exigía que se dejasen maniatar. Miglena aceptó la condición, sin saber que eso le iba a costar la vida.

Miglena, que convivía en España con su compatriota Severin Erol Rahim, de 25 años, fue hallada muerta. En su cuello tenía marcas de haber sido estrangulada con un cordel y el asesino, además, le había cortado mechones de cabello.

La joven búlgara residía últimamente en el hostal Europa, al lado de la comisaría de Policía Local de Figueres. Pero durante los cuatro meses anteriores lo hizo en el hostal Xavi, de Vilajuiga. Gaspar Casadevall, su propietario, recuerda que la chica salía todos los días en un taxi y que durante largas horas esperaba a sus clientes al borde de la carretera. “Nunca dio aquí ningún problema. Era una muchacha muy maja, a la que le gustaban la ropa de marca y los perfumes”, explica Casadevall. Una joven empleada del establecimiento añade: “Miglena siempre estaba contenta. Veía normal su trabajo y nunca dijo que alguien la obligase a hacerlo. Su marido, Severin, la trataba bien y ella decía que estaba contenta de que él pudiera vivir bien gracias a ella”.

La búlgara se veía obligada a salir de España cada tres meses, ya que carecía de permiso de residencia. Una vez comentó en el hostal Xavi que tenía un amigo policía que le estaba ayudando a tramitar sus papeles de extranjería. ¿Sería ese amigo el inspector Fermín M., del Cuerpo Nacional de Policía en La Jonquera, que en octubre pasado fue detenido acusado de extorsionar a prostitutas? Ella nunca reveló quién era ese amigo, pero lo cierto es que prestó declaración en relación con ese caso, según han confirmado fuentes policiales.

Miglena era una más de las cientos de jóvenes de Europa del Este que pululan en las carreteras de Cataluña. Sentadas en sillas de cámping, suelen aguardar insinuantes y provocativas en los arcenes y se prostituyen en el bosque más próximo a cambio de 30 ó 40 euros por servicio. Sus mejores clientes son camioneros, obreros de polígonos industriales y franceses que cruzan la cercana frontera en busca de sexo fácil y barato.

Cuando Eckert fue arrestado en Alemania, la policía halló una foto de Miglena, desnuda y estrangulada, en un cajoncito situado junto al parabrisas del camión, encima del asiento del conductor. Allí escondía sus tesoros fetichistas: la foto de otra chica desconocida hallada muerta el 1 de marzo de 2005 en Sant Sadurní d’Osormort (Girona), “varias imágenes de otras víctimas” de las que los Mossos d’Esquadra no saben nada, así como mechones de pelo, trozos de cuerda…

Entre el lote de fotos sí estaba la de esa mujer sin nombre cuyos servicios contrató a finales de febrero de 2005 cerca de Figueras. Su cuerpo exánime fue hallado por otro camionero. Pese a los meses transcurridos, la policía catalana todavía no ha podido saber de quién se trata, aunque cree que es una prostituta de origen extranjero.

Eckert, sin embargo, no conservaba la foto de Isabel Beatriz Díaz Muñoz, una prostituta española hallada muerta, en avanzado estado de putrefacción, el 9 de octubre de 2001 en Masanet de la Selva (Girona). No guardaba su imagen, pero el estrangulador tiene perfectamente grabado en su memoria que contrató a esta muchacha en agosto de 2001 y que, tras mantener relaciones sexuales, se había deshecho de su cadáver.

Isabel Beatriz vivía entonces en una pensión, pero su adolescencia la pasó en la barriada obrera de Germans Sabat, a unos tres kilómetros de la catedral de Girona, cuyos vecinos la recuerdan como una joven problemática. Su madre, que regentaba un bar con su marido, Coralio, se trasladó después del fallecimiento de su hija a Gor (Granada) donde reside con su segundo marido, Francisco.

El camionero dejó su rastro de muerte no sólo en España, sino también en Francia: en 1999 mató cerca de Burdeos a una prostituta; y en octubre pasado hizo lo mismo con la polaca Agnieszka Bos, de 28 años, que ejercía la prostitución en las carreteras próximas a Laon. La policía temió desde el primer momento que Agnieszka hubiera sido víctima de un cliente masoquista. Ahora se ha visto que la sospecha era fundada.

Todo apunta a que las inclinaciones homicidas del camionero Eckert vienen de muchos años atrás. Ya en 1990 mató a una compañera en Oeslnitz (antigua Alemania Oriental) y cumplió por ello pena de prisión. Al unificarse las dos Alemanias, los archivos penales de la extinta RDA no fueron incorporados a los de la República Federal de Alemania y eso hace que, a día de hoy, Ecker figure en las bases de datos de la policía germana como un hombre limpio y sin ningún tipo de antecedentes delictivos. Cuando los Mossos d’Esquadra informaron de sus pesquisas sobre el asesinato de Miglena a Lucas Oswaldo Giserman Liponetsky, juez de instrucción de Santa Coloma de Farners, éste cursó una orden internacional de detención y autorizó a dos policías autonómicos catalanes a que se desplazaran a Alemania. El camionero Eckert fue arrestado el pasado día 17 en la sede de la empresa Schmidt en Wesseling, a unos 500 kilómetros de su domicilio de Hot. Su detención dejó estupefactos a los policías alemanes de Renania y a los mossos d’esquadra, al descubrir que el chófer es un asesino en serie que ha ido sembrando la muerte durante sus viajes por media Europa.

La cabina blanca de su camión, decorada sólo con un escudo y una bufanda del equipo de fútbol Bayern Múnich, era una caja de sorpresas. Allí ocultaba fotos de sus víctimas -los investigadores no han querido informar de cuántas- y bolsitas de plástico con mechones de cabello.

La semana pasada, el chófer Eckert -camisa azul, pantalones tejanos y una parka verde- asistió impertérrito al registro de la cabina. Ese habitáculo era su verdadero hogar: allí tenía su litera para dormir y hacer sexo, su infiernillo para cocinar… y las fotos de sus víctimas. En el reverso de estas imágenes, tomadas con una cámara Polaroid, solía escribir comentarios soeces y ofensivos a modo de ficha sobre cada una de ellas.

El asesino ha declarado que sólo conseguía obtener placer sexual al ver el rostro de las mujeres en el momento en que las estrangulaba. “Estamos delante de una persona enferma, que tiene un grave problema, y ésa era su manera de excitarse sexualmente”, comenta el inspector Bascompte.