Seleccionar página

(17 de marzo de 1942 10 de mayo de 1994)

Su apodo se debe al disfraz que usaba. Violó y mató a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978. Ninguna sospecha recayó sobre él, hasta diciembre de 1978, cuando un joven de 15 años que iba a una entrevista de trabajo fue visto por última vez con Gacy. Un allanamiento en la casa de John reveló pruebas de otras desapariciones. En diciembre del mismo año, Gacy acudió a sus abogados y confesó sus crímenes. Declaró que al clavar el cuchillo en el cuerpo de un joven, la sangre que brotaba del cuerpo lo excitaba. Indicó a la policía la ubicación de los cadáveres. Los más jóvenes tenían 14 años y el mayor 21. Siete de las víctimas nunca fueron identificadas.

En 1998, durante unas reparaciones en el fondo de la casa de la madre de Gacy, encontraron restos de otras cuatro personas. El 6 de febrero de 1980 se declaró inocente en el juicio en su contra, alegando deficiencias mentales, lo que fue impugnado por los peritos. Su abogado argumentó locura temporal en el momento de cada asesinato, pero esto también fue rechazado.

Fue hallado culpable el 13 de marzo y sentenciado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte. Su ejecución por inyección letal ocurrió el 10 de mayo de 1994. Luego, el cerebro de Gacy fue extraído para su examen. Los resultados revelaron que no había anormalidades.

A continuación copiaré parte de un texto aparecido en el libro El único testigo vivo y recogido a su vez por el profesor Garrido en su obra La mente criminal (Temas de Hoy, 2007), donde los autores transcribieron parte de algunas entre- vistas realizadas en prisión a Bundy. Estudie el lector atentamente la declaración, para comprender hasta qué punto llega el grado de manipulación y engaño de estas personas.

Para conversar (con una víctima) es necesario no participar en los aspectos personales del encuentro. Debe ser capaz de hablar de forma amistosa y desen- fadada, como si (el ase- sino) estuviera viendo una película. Ha de mantener la charla para que todo pa- rezca que es algo comple- tamente normal y que ella no se alarme. Él no quiere que ella empiece a sospe- char que puede haber algún plan oculto. Esa es la razón por la que él no debe pen- sar en lo que va a suceder, porque eso le pondría ner- vioso y se traicionaría.

A este respecto, también fue muy clarificadora la entrevista que el citado ex agente del FBI, Robert Ressler, mantuvo en prisión con John Wayne Gacy, autor de la muerte de 28 hombres. Esos son al menos los que aparecieron enterrados bajo el sótano de su casa.

Gacy, que durante años se había mostrado como un importante miembro de su comunidad, destacando en su faceta de empresario de la construcción y como payaso para los niños en sus ratos libres, escondía una vida privada dominada por una homosexualidad reprimida y unos instintos asesinos que serían el motivo de su ejecución en mayo de 1944 por inyección letal. Con la promesa de un contrato de trabajo o de una relación sexual remunerada llevaba hombres jóvenes a su casa, donde los embaucaba, drogaba, ataba y estrangulaba con una cuerda, una bolsa de plástico o con sus propias manos.

En la citada entrevista con Robert Ressler, Gacy negó todos los hechos, a pesar de que, recuerde el lector, se encontraron 28 cadáveres enterrados en su casa. Además rechazó ser homosexual, aduciendo que sólo se acostaba con hombres por no disponer de tiempo para cortejar a las mujeres y por salirle más barato el encuentro sexual masculino. También afirmó haber realizado operaciones secretas para el condado de Cook en el que vivía y haber servido en la Marina de Vietnam. Ambas afirmaciones se demostraron falsas, Gacy era un mentiroso patológico.

Ahora bien, ¿por qué mentir de forma tan descarada pudiendo contrastarse fácilmente los datos aportados? La respuesta se entronca con otra de las características de estas personas: por la insatisfacción que sienten con sus vidas y los deseos de alcanzar la que siempre han añorado. Esto, que es común a muchos de los mortales, adquiere en ellos unos tintes dramáticos, porque en su búsqueda de esa vida ideal no les importará quién caiga en el camino. Lo que estos criminales intentan conseguir con sus actos es convertirse en otra persona, ser alguien diferente de quienes son. El asesino serial busca trans- formar la realidad colindante mediante el asesinato, de la misma forma que el drogadicto utiliza las drogas para evadirse del mundo e introducirse en otro que le proporciona la paz y el placer que ansía.