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(18 de diciembre de 1948)

Poseía un promedio intelectual de 136 y desarrolló un comportamiento socio patológico desde muy joven: torturaba y asesinaba a animales, representaba rituales sexuales con las muñecas de sus hermanas y llegó a decir que, para besar a una maestra por la que se sentía atraído, previamente tendría que matarla. Su madre lo obligaba a dormir en el sótano por miedo de que abusara de sus hermanas.

En 1964, con 15 años, Ed le pegó un tiro a su abuela mientras terminaba de leer un libro. Cuando llegó su abuelo también lo mató. Llamó a su madre y le pidió que llamara a la policía porque había matado a sus abuelos. La mujer declaró a los agentes que Ed “sólo quería ver qué sentía al asesinar a su abuela” y que había matado a su abuelo porque “sabía que se enojaría”. Internado en un hospital, logró engañar a su médico para que le diera el alta.

Entre mayo de 1972 y febrero de 1973, Kemper mató a varias estudiantes que levantaba en la autopista y llevaba a zonas rurales aisladas para acuchillarlas, balearlas o asfixiarlas. Luego practicaba necrofilia y finalmente desmembraba sus cuerpos. Se deshacía de los restos arrojándolos en barrancos o sepultándolos en el campo, pero en cierta ocasión, como broma macabra, enterró la cabeza de una víctima en el jardín de su madre.

Finalmente, en 1973, Kemper mató también a su madre. La decapitó, la violó y arrojó sus cuerdas vocales al triturador de la cocina. En su declaración, Kemper dijo que “ella gritaba demasiado”. Finalmente comió parte de sus órganos y durmió cuatro noches con el cuerpo en estado de putrefacción. Luego logró que una de las mejores amigas de su madre lo visitara y la estranguló. Como no escuchaba en la radio ninguna noticia sobre sus asesinatos llamó desilusionado a la policía para confesar. Aunque durante su juicio alegó locura fue hallado culpable de ocho cargos por asesinato. Su intención era recibir la pena capital, pero como estaba suspendida fue condenado a cadena perpetua.