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Cuando en Marzo de 2012 nuestro amigo y compañero de fatigas, @Ryoga_13 comenzó con La Perversidad de la mente humana y los Asesinos en serie no pensé que sería algo de lo más leído en este humilde blog. Tras las miles de visitas anuales, tengo que decir que yo tambien me he animado a investigar sobre el tema y resulta que me ha intrigado.

Por eso, y tras el “comercial” post que hice hace poco sobre uno de los más mediáticos asesinos en serie, Jack el destripador, hoy vengo con uno que a lo mejor no a todo el mundo le suena. Robert Hansen.

Este hombre tenía como deporte cazar prostitutas en Alaska. Uno de los mayores asesinos en serie que dió el siglo XX.

La curiosidad me llevó a pensar y a preguntarme ¿qué es lo que a una persona le lleva a matar sin miramientos?. ¿Qué es lo que se activaba a la mente humana para que alguien empiece a matar a sus semejantes? Creo que son preguntas con respuestas muy variopintas.

El señor Robert Hansen nació el 15 de Febrero de 1939 en Estherville, Iowa. Hijo de padres de origen Danés, pasó una infancia muy difícil ya que le obligaban a trabajar largas horas en el negocio de la familia. Al llegar a la adolescencia el severo acné que padeció se sumó al marcado tartamudeo que tenía. Era el perfecto objeto de las burlas de los abusones en la escuela. Quienes se acuerdan de él, lo veían como un sujeto solitario que jamás socializaba con nadie. Llegó a decir que su cara era una enorme espinilla apunto de explotar. Lo que debió de explotar años más tarde fue su mente.

A pesar de su compleja situación física y emocional, en 1960 se casó con una muchacha pero su matrimonio no duró mucho. Anteriormente se había alistado en la reserva del ejército de los Estados Unidos y llegó a trabajar como instructor en la policía en el Condado de Pocahontas, Iowa en 1957. El 7 de Diciembre del mismo año con el objetivo de vengarse por rencillas contra los ciudadanos de Pocahontas, Hansen incendió un garaje donde había un autobús escolar. Fue sentenciado a una pena de 3 años en prisión, a los 6 meses su esposa tramitó el divorcio y para su fortuna le fue otorgada la libertad condicional cumplidos 20 meses.

A partir de entonces su vida cambió. En 1967, se trasladó a Anchorage, Alaska

Anchorage

Anchorage

, con su segunda esposa, con quien se casó en 1963 y con quien tuvo dos hijos. En Anchorage, era un ciudadano ejemplar de la sociedad, era muy apreciado por sus vecinos. Montó una panadería, se compró una gran casa en el centro de la ciudad y una cabaña en el bosque, a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Hasta se sacó el carnet de piloto y se compró una avioneta. Su vida era de ensueño, ¿o no?.

En el año 1972 fue acusado de violación. La denuncia la puso una prostituta, pero por falta de pruebas y por la diferencia social de los dos implicados, fué sobreseído. Este podría haber sido su primer intento con una prostituta.

Hansen se convirtió en un experto cazador, lo que empezó siendo un hobby, acabaría siendo un despiadado y perverso deporte para él. Manejaba como nadie tanto armas de

Hansen con cuernos de cabra dall

Hansen con cuernos de cabra de Dall

repetición, como armas de caza o su preferido, el arco. En Anchorage se decía que era el mejor cazando con arco. Se internaba en la montaña, se mimetizaba con la naturaleza y no paraba hasta conseguir su presa. Normalmente Cabras de Dall. Aunque pronto se daría cuenta que necesitaba algo más.

Anchorage tenía un pequeño barrio chino en el cual la prostitución estaba a la orden del día. Siendo una ciudad portuaria, el ir y venir de gente nueva buscando algo de fortuna es habitual. Y las chicas que no encontraban trabajo rápidamente, terminaban en bares de alterne o en la calle haciendo el trabajo más antiguo de la humanidad.

A Hansen esta situación le venía que ni al pelo ya que le gustaba el sexo oral y en el barrio chino, podía conseguirlo siempre que quisiera. Pronto empezó a frecuentar el barrio. Las prostitutas comentaron que Hansen llegó a ofrecer $200 y $300 por una felación y claro, ante tal suma de dinero rápido, había chicas que no dudaban en aceptar. Aunque no era tan sencillo como parecía, para poder ganar esos dólares, las chicas accedían a ir con Hansen en avioneta a la casita que tenía en el bosque. Y claro, como el cliente siempre tiene la razón, este pequeño ritual no era inconveniente.

Estos viajes a la cabaña, pronto le serían insuficientes. Pronto empezaría a sentir que necesitaba más. Pronto su cazador interior le pediría matar. Aunque este caso de asesino en serie o Psicokiller es algo extraño. Es el único que le daba a sus víctimas una segunda oportunidad. A la chica le daba dos opciones. O hacia la felación o cualquier ocurrencia sexual que él quisiera sin ver ni un solo dólar, o le pagaba gustosamente y ella se abstenia a las consecuencias.

cabaña

Cabaña de Robert Hansen

Hubo chicas que accedieron por el temor a que Hansen les pudiera hacer algo malo. A algunas las encadenada o las secuestraba durante horas o incluso días. A otras simplemente les pedía la felación rutinaria y listo. A estas chicas que no cobraban, las dejaba marchar, eso sí, tenían que ir desde la casita del bosque hasta Anchorage ellas solas. Por el duro y nevado bosque alasqueño. Esto ocurrió al menos en 30 ocasiones que se sepa, ya que las elegía sin papeles o sin familia. Y claro, seguramente habría alguna que no llegó a denunciar nunca. Ni siquiera una vez que se atrapó a Hansen.

Sin embargo, otras chicas no quisieron hacer el trabajo gratis. No querían ser humilladas sin al menos ganar algo de dinero a cambio. A estas chicas, Robert les enseñaba el arma con las iba a darles caza. Tenía para elegir. Un rifle de repetición, un arco y flechas, su preferido, o una gran variedad de hachas y machetes. A continuación las desnudaba y las dejaba que salieran a todo correr por el bosque y cuando llevaban un tiempo huidas, comenzaba la cacería. Aunque alguna de ellas pudiese pensar que lo conseguiría, era un mero espejismo. Hansen conocía a la perfección el bosque. Hubo algún caso en el cual la persecución fue corta y Robert al llegar a su víctima le daba una segunda oportunidad. Uno de estos casos se lo comentó a la policía. La fallecida, Paula Goulding,

Paula-Golding

Paula Goulding

aceptó volver a huir para salvar su vida pero tenía tantas heridas por cortes de ramas y golpes que volvió a cogerla. Entonces le asestó dos disparos entre los omoplatos.

De esta manera tan macabra llegó a asesinar a 17 chicas. Pudieron ser 18, pero en Junio de 1982, una chica consiguió llegar a la ciudad. La prostituta, llegó a Anchorage y se encontró con el oficial de policía Gregg Baker. Tras contarle la historia de su intento de asesinato, el policía informó. El caso no fué a más. Robert Hansen era un miembro muy respetado de la sociedad y pronto salieron amigos a defenderle y a otorgarle una coartada. ¿Quien iba a poner en duda la versión de un buen y respetado hombre contra la de una vulgar prostituta? El informe se archivó.

Pero en el año 1983 una partida de cazadores que andaban por el río Knik, mientras buscaban presas, se toparon con un túmulo de tierra. Pensando que alguien podría haber escondido algo de valor, uno de los cazadores se puso a escarbar hasta que encontró algo que no podía ni imaginar. Un cadáver. Era el cadáver de Paula Goulding. Congelado y con los dos casquillos sobre su cuerpo. Tras comunicarlo a las autoridades, estas se pusieron manos a la obra y tras investigar, encontraron el informe del oficial Baker.

parte del arsenal

Parte del arsenal encontrado a Robert Hansen

Al comprobar las armas que poseía Hansen, comprobaron que las balas encontradas coincidían con las de su fusil. Tras presentar las pruebas contra él, los amigos que anteriormente le defendieron se retractaron. El fiscal ordenó que se peinaran los alrededores de su cabaña y del río donde se encontró a la primera víctima y no tardaron en encontrar los cuerpos sin vida de las prostitutas. En las batidas, Robert Hansen acompañaba a la policía y vieron como este macabro asesino llegó a enumerar a sus víctimas en un listado.

Después de llegar a un acuerdo con el fiscal, Hansen se declaró culpable de 17 asesinatos tras 12 horas de declaraciones ante la policía.

investigadores

Investigadores criminales buscando cuerpos a lo largo del río Knik

Las investigaciones llegaron a tal punto que, aunque no se encontraron pruebas de asesinatos, Robert había puso anuncios en periódicos para atraer a mujeres de diferente ámbito social. La sospecha de que hubo más de 17 víctimas siempre a rondado las mentes de los policías que llevaron el caso.

El 28 de Febrero de 1984, Robert Hansen fue condenado a 400 años de carcel.

Hansen murió a la edad de 75 años, en el Hospital Regional de Alaska en Anchorage el 21 de agosto de 2014, debido a unos severos problemas de salud no revelados.