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Aprovechando que en artículos anteriores hemos comentado de pasada el hecho de cómo se puede trastocar la mente humana, hasta el punto de no sentir el menor aprecio por la vida de los demás, a favor a impulsos personales, este artículo lo voy a dedicar a los Asesinos en Serie.

Ya hemos tratado con anterioridad a la despiadada Erzsebet Bathory, La Condesa Sangrienta, así como a Enriqueta Ripolles, una de nuestras mas celebres asesinas en serie. Incluso en el anterior post se trato la maldición de uno de los más conocidos entre los personajes de ficción: el Joker.

Trataremos de dar a conocer a algunos de los asesinos menos conocidos, o menos mediáticos de lo que pudieron ser Jack el Destripador, Ted Bundy o Charles Manson. O simplemente, que no son tan conocidos dentro de nuestras fronteras. Y el primero será…

CAYETANO SANTOS GODINO

Comenzaremos esta pequeña lista con Cayetano Santos Godino, conocido también como “El Petiso Orejudo”, el que fue sin duda uno de los mayores sociópatas en la historia de Argentina. Nacido el 31 de Octubre de 1896 en Buenos Aires e hijo de inmigrantes italianos, Cayetano tuvo problemas de salud debido en gran parte a la Sifilis contraída por su padre antes de su concepción. Esto le puso en varias ocasiones al borde de la muerte por una enteritis. Para agravar su situación, durante toda su niñez sufrió malos tratos a manos de su padre, que era alcohólico.

Pero la mayor particularidad de este asesino es que, al contrario que en otros casos en los que, tras una infancia traumática, al llegar a la edad adulta desarrollan estos comportamientos sociópatas, Cayetano ya mostraba esos instintos desde muy joven. A partir de los 5 años, fue pasando de escuela en escuela, de las cuales era habitualmente expulsado debido a su falta de interés y a su comportamiento marcadamente antisocial.

Pero no fue a hasta sus 7 años, cuando comenzó a forjarse el “Petiso Orejudo”. Fue en esa época cuando se hizo amigo de Miguel de Paoli, de solo 2 años de edad. A base de engaños, le conducirá a un descampado, donde le agredirá hasta hacerle perder la conciencia para arrojarle después a unos matojos. Un policía que pasaba cerca se dio cuenta de la situación y les condujo a comisaria, de donde son recogidos pos sus padres.

El año siguiente, el Petiso se fijara en una vecina suya, Ana Neri, de apenas 18 meses de edad. La agredirá repetidas veces con una piedra en la cabeza, hasta que es detenido nuevamente por un policía en el solar en el que se encontraba. Debido a su reducida edad, esa misma noche es dejado en libertad.

Su primer crimen lo cometerá en Marzo de 1906, pero paso totalmente desapercibido hasta que lo confesara años después. Su nombre era Maria Rosa Face, y tenia 2 años. La condujo a un descampado y, tras estrangularla hasta dejarla casi muerta, y la enterró viva en una zanja. Nunca fue encontrado el cadáver, debido a que en dicho solar edificaron un edificio de dos plantas.

Poco tiempo después de cometer su primer crimen, seria denunciado por sus padres a la policía. Debido al comportamiento irascible de su hijo, se veían incapaces de controlarle. Tenía brotes psicóticos en los que insultaba y apedreaba a sus vecinos. Su padre incluso encontró pájaros muertos en su habitación. Por ello, fue internado poco más de dos meses, para volver después a la calle, dedicándose a vagar por las calles, sumido en morbosas fantasías.

En 1908 retomaría su carrera delictiva, conduciendo a Severino Gonzalez Calo, de 2 años, hasta una bodega, donde tratara de ahogarle en un abrevadero, tirándole en su interior y tapándolo con una tabla. El propietario del lugar le descubrió, salvando al pequeño. No obstante, Cayetano elaboraría una excusa por la cual, ambos niños habrían sido llevados allí por una mujer vestida de negro. Es llevado a la comisaria, donde solo pasaría la noche.

Poco después (solo 6 días) se cebaría con Julio Botte, de 22 meses, al que le quema repetidas veces los parpados con un cigarrillo. Huye tras ser descubierto por la madre del chico.

A finales de ese mismo año, los padres de Cayetano, cansados nuevamente del comportamiento de su hijo, vuelven a entregarlo a las autoridades. El pequeño demonio, que tenia solo 12 años, fue internado en un correccional, donde pasaría 3 años, y es liberado a petición de sus padres. Tras salir, para nada rehabilitado, empieza a ampliar su radio de acción, así como a añadir crímenes a su historial, uniendo otra de sus grandes pasiones: El fuego. Así, a principios de 1912, provocara un incendio en un almacén. El fuego tardaría 4 horas en ser extinguido. Sobre esta pasión, mas adelante, tras su arresto declararía:

“Me gusta ver trabajar a los bomberos… es lindo ver como caen en el fuego.”

En ese mismo año, se sucederían los crímenes del Petiso. En Enero aparecería el cuerpo sin vida de Arturo Laurora, de 13 años, descubierto golpeado y semidesnudo, con un cordel atado alrededor del cuello. Las investigaciones no conducirían a ningún lado, y tuvo que ser confesado por el Petiso mas adelante. En Marzo, prendería fuego a las ropas de Reyna Bonita Vainicoff, de 5 años, la cual fallecería 16 días después, tras debatirse entre la vida y la muerte en el hospital.

En los meses siguientes, provocaría más incendios, entre los que se encontraría el de una Estación de tranvías. Además, continuando con su maltrato a los animales, mato a puñaladas a una yegua en una propiedad en la que trabajaba.

Su siguiente victima fue Roberto Russo, de dos años, en Noviembre de ese aciago año. Convenciéndole de que le compraría caramelos, le conducirá a un lugar apartado (como era costumbre en el), en el que le atara de pies y manos, y le tratara de ahorcar con el cordel con el que se ataba los pantalones. Al ser descubierto, antes de que pudiese acabar su crimen, por un trabajador del lugar, se defendió diciendo que le había encontrado así, y que trataba de rescatarlo. Nuevamente, pese a ser acusado de intento de homicidio, no fue encerrado.

Solo ocho días después, tratara de golpear a Carmen Ghittone, de tres años, para ser interrumpido nuevamente por un vigilante, del que consigue escapar. Como vemos, el Petiso, cada vez tardaba menos en reprimir sus impulsos homicidas, por que, cuatro días después, trata de llevarse a algún sitio deshabitado a Catalina Naulener, de cinco años, la cual le planta cara, resistiéndose a su secuestrador. Este, descontrolado, la golpeara, y un vecino de la zona intervendrá, con lo que a Cayetano no le queda mas remedio que huir de nuevo.

Su último crimen sucedería el 3 de Diciembre. Tras juntarse a jugar con un grupo de niños en la calle, tratara de convencer a Marta Pelossi, de 2 años, pero fue en vano. Algo la asusto, y se fue a casa. Debido a eso, centraría su atención en Gesualdo Giordano, de 3 años, al que convence ofreciéndole, como a muchos antes, caramelos. Tras comprarlos, le da unos pocos, y le dice que le dará el resto si le acompaña a un lugar (por supuesto, apartado).

Al llegar, el niño dudara, se pondrá a llorar y se resiste, pero El Petiso no dudara en absoluto. Le atenaza con violencia y le arrincona cerca de un horno. Le derribara y, sosteniéndole con la rodilla en el suelo, le dará 13 vueltas de cordel al cuello y procederá a estrangularlo. Aun así, el niño se le resiste, y no es capaz de acabar con su vida. Cayetano decide atarle de pies y manos, y dejarle así, maniatado, mientras sale a la calle a buscar algo con lo que pueda terminar con Gesualdo.

Durante su búsqueda, se topa con el padre del chico, que le anda buscando y, con tremenda sangre fría, le comenta no haberle visto y le aconseja que debería poner una denuncia en la comisaria mas cercana. Poco después encontraría el objeto que ansiaba. Un viejo clavo de 10 centímetros. Tras volver con su victima, y usando una piedra, lo hundirá en la sien del pequeño, dándole muerte. Lo cubre de mala manera, y se va de la escena del crimen.

Mas tarde, se acercaría al velatorio del niño, en el que observara a conciencia el cadáver de Gesualdo. Declararía, mas adelante, sobre este hecho que quería comprobar si el niño aun tenía el clavo en la sien. El padre de la victima noto ese movimiento, y denuncio el suceso. Fueron dos policías, Peire y Bassetti, los que atando cabos y leyendo entre pistas, relacionaron estos sucesos y los anteriores, y llegarían a la conclusión del sospechoso principal: Cayetano Santos Godino. 

Al ir esa misma madrugada a detenerle, encontraron pruebas más que fundamentadas de su acto vil. Al registrarle encontraron un recorte de periódico en el que relataban los detalles del crimen, así como un pedazo de la cuerda que había usado para estrangular a su última victima. Cayetano confeso, y fue arrestado.

En primer lugar fue llevado a un Hospital de Salud Mental pero, tras atacar a dos pacientes (uno inválido y otro en silla de ruedas), tuvieron que trasladarlo a una Penitencia Nacional, en la que estuvo 10 años, para posteriormente ser llevado al Penal de Ushuaia, también conocido como la Cárcel del Fin del Mundo.

Allí, los médicos del Penal llegaron a una… curiosa asociación. Basándose en algunos estudios pseudocientíficos, concluyeron que en las orejas radicaba su maldad, por lo que le practicaron una cirugía estética para achicárselas. Evidentemente, no arreglaron nada… En 1936, Cayetano pidió la libertad, pero le fue negada. El informe psiquiátrico elaborado del Petiso Orejudo (quizás menos orejudo ahora…) arrojaba rotundamente:

“Es un imbécil o un degenerado hereditario, perverso instintivo, extremadamente peligroso para quienes lo rodean”

Las circunstancias de su muerte, en Noviembre de 1944, son poco claras. Según parece murió por una hemorragia interna, provocada por una ulcera gastroduodenal, pero se sabe que en el penal había sufrido maltrato por otros presos, y había sido violado con frecuencia. No tuvo amigos en la cárcel, no recibió visitas, no recibió cartas. Murió solo, pero eso si, sin ningún tipo de remordimiento por lo que había hecho.

Por si os interesa, existe una película del año 2007, dirigida por Jorge Algora, en la que nos narran la historia de este psicópata. El nombre de la película: El niño de barro.

Seguid atentos, pues mas adelante seguiremos contando la historia de mas de estos crueles personajes. ¡Hasta pronto!